1907

1907 - EL  PENTA B1

En 1907, los huéspedes del prestigioso hotel Billingen en Skövde pudieron ver a un hombre joven de unos 30 años, vestido con una chaqueta de piel y zuecos de madera, quitarse los zapatos y la chaqueta, entregar sus pertenencias al encargado del guardarropa y luego entrar en el comedor para disfrutar de una comida bien merecida con sus calcetines de lana.

El nombre del joven era Edvard Hubendick, un ingeniero que trabajaba para lngenjörsfirman Fritz Egnell en Estocolmo y que llegó a ser catedrático de motores de combustión en la Universidad de Tecnología de Estocolmo. Estaba en Skövde para supervisar el trabajo en un motor de prueba que funcionaba con queroseno en Sköfde Gjuteri Mekaniska Verkstad.&

En lo que respecta a la industria dominante de esta pequeña ciudad, éste fue justo otro ejemplo de los muchos pedidos poco comunes que la fundición recibió durante este período de despertar industrial. Los productos a medida, que daban respuesta a necesidades concretas del cliente, eran el punto fuerte de la fundición y cuando la empresa de ingeniería de la capital, un cliente importante de turbinas de la fundición, presentó su pedido, las cosas empezaron a suceder.

Nadie podía sospechar mínimamente dónde conduciría este primer pedido, pero el primer Penta, el B1, estaba en camino.

El nombre de Penta, una palabra griega que significa cinco, se eligió como resultado de una reunión entre cinco caballeros donde se presentaron los primeros dibujos del motor. Cuando se buscó un nombre para este producto, se eligió Penta para conmemorar este singular encuentro. La historia no dice quiénes eran los cinco hombres, pero quizás fue el hombre que tomó la iniciativa, Fritz Egnell, y su ingeniero jefe, Edvard Hubendick, junto con el director ejecutivo de la fundición, John G Grönvall, y dos de sus empleados de mayor confianza, quienes tomaron la histórica decisión.